Hubo de afrontar problemas derivados de la etapa anterior, pero también otros que surgirán con el nuevo siglo: problema social, radicalismo de las organizaciones obreras, guerras de Marruecos, la quiebra del turnismo político, el surgimiento de los nacionalismos catalán y vasco, y otros. Demostró siempre una tendencia a intervenir personalmente en la política, lo cual le era permitido por la propia Constitución de 1876.
En la crisis de 1917 las cosas se pusieron muy difíciles y en 1923, cedió el poder al dictado Primo de Rivera, hasta 1930. Al año siguiente, Alfonso, abdicó y se proclamó la II República. Se exilió y murió diez años después en 1941.


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